«Narrativas fragmentadas»

Narrativas fragmentadas reúne las obras de Isabel Alonso Vega, Álvaro Borobio, Livia Marín, Daniel Adolfo, Otto Martín Moreno, Pablo Armesto y Fernanda Carri, artistas cuyas prácticas, aunque diversas en técnica y lenguaje, confluyen en una misma interrogación sobre la discontinuidad, la materialidad y la construcción del sentido. A través de medios que van desde la instalación y la escultura hasta el uso de la luz, el objeto y la materia orgánica, la muestra propone una reflexión sobre la fragmentación como condición inherente a la experiencia contemporánea. En este territorio de fracturas y resonancias, la narración no se presenta como una línea continua, sino como un tejido abierto que se recompone con cada mirada. A través de materiales que oscilan entre lo sólido y lo efímero —transparencias, cerámicas recompuestas, estructuras geométricas, luz, metal o humo—, las obras revelan un interés compartido por el proceso, la transformación y la posibilidad de hallar sentido en lo incompleto.

Lejos de ofrecer un relato unívoco, la muestra se articula como un campo de relaciones donde coexisten la materia y la idea, la intuición y el pensamiento. En esa tensión se configura una poética del fragmento: una invitación a habitar lo incompleto, a aceptar la multiplicidad como principio estructural del presente. Narrativas fragmentadas plantea así una reflexión sobre el modo en que el arte contemporáneo produce sentido no desde la unidad, sino desde la dispersión, construyendo su coherencia precisamente en el diálogo entre las partes.

La forma se concibe como un territorio en proceso: superficies que se dislocan, estructuras que se interrumpen, materiales que revelan su fragilidad y su persistencia. Las obras se construyen desde la fisura, poniendo en evidencia que el relato contemporáneo no puede aspirar a la unidad, sino a una constelación de gestos, rastros y presencias parciales. Como apuntaba Ítalo Calvino, la continuidad del mundo no es más que la trama que nuestra mirada teje para no perderse en la discontinuidad de las cosas.

La continuidad no existe sino como una abstracción mental, una ilusión que construimos para soportar la fragmentación del mundo; en esta exposición, el fragmento se asume como el modo más honesto de representar la complejidad del presente.

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