“Trapped objects”

Objetos Atrapados”, una muestra que da la oportunidad de acercarse a su universo creativo y a los conceptos que vertebran el trabajo de Xavier Mascaró, como el accidente, la fusión de contrarios, el icono, el amor, el viaje y el movimiento.

Las esculturas nos hablan tanto de las cualidades técnicas de la obra de Mascaró como de su iconografía. Respecto a la técnica, Mascaró es un escultor que explora las posibilidades y comportamientos de los materiales y los procesos de fundición. Como él mismo explica, cuando empezó a trabajar el hierro toda la obra tenía unidad por el propio material, otorgando el mismo registro a todas las piezas, que de alguna forma pertenecían a la misma familia. En un momento dado (en concreto, a partir de su traslado a Nueva York en 2004) quiso utilizar otros materiales que tuvieran un registro diferente, como el cristal o la cerámica; ver cómo se comportaban en comparación con el metal, y establecer un diálogo o contraste entre unos materiales y otros.

En una entrevista que le hizo Tomàs Llorens en 2010 con motivo de la exposición de los monumentales budas-guardianes en el Paseo del Prado de Madrid, Mascaró relataba su temprana atracción por la fundición y por “cómo utilizar elementos diversos por medio de un proceso que hace que cristalicen en forma unitaria”. Así ha trabajado en los últimos años en Torsos de 2009, realizados con hierro, yeso y resina, Pareja Sagrada, de 2014, en hierro y aluminio, o Invocation de 2015, realizada con seda, cobre, estaño, alambre y conglomerado.

El conjunto que se presenta ahora pone en relación las cualidades refinadas de la cerámica esmaltada (refleja la luz, es suave, frágil, brillante), con la dureza y rudeza del hierro y el bronce sin pátina. Una cincha de metal rodea y constriñe figuras y cabezas realizadas en cerámica esmaltada. Hay también una escultura hecha únicamente con hierro, una Eleonora de gran escala, que funciona como contrapunto del resto de las piezas. Si en la Eleonora, la cabeza está construida en hierro y en su interior contiene aire -el vacío-, en el resto ese vacío ha sido sustituido por la cerámica.

Como explica el propio Mascaró, estos “objetos atrapados” son la materialización de un proceso conceptual previo al objeto físico: la captura mental de un icono (el guardián, la geisha, la Eleonora, los seres mitológicos), expresada mediante las cintas de hierro o bronce que son “como lazos que anudo alrededor de la imagen para apropiarme de ella”. El paso de esa imagen conceptual a la pieza realizada se lleva a cabo mediante un proceso de producción que Mascaró define como una “conversación” entre el artista y los materiales. Una conversación a tres que va avanzando con las aportaciones de cada uno y en la que interviene el accidente, la sorpresa, aquello que no estaba planificado. En palabras de Mascaró, una escultura es “lo que va a suceder”. En la serie que ahora se presenta, el accidente viene determinado por el diferente comportamiento de los materiales ante un contraste térmico. El metal se contrae por el enfriamiento, pero esta contracción es frenada por la cerámica, lo que hace que ambos materiales se rompan. Dos materiales íntimamente unidos, que se rompen mutuamente, pero al mismo tiempo se aguantan. Ello encierra toda una metáfora, evidente en piezas como la pareja o el abrazo.

 Imágenes que son iconos que encierran un significado. Su iconografía personal procede muy a menudo de culturas y civilizaciones antiguas, como la egipcia, fenicia, griega clásica, oriental o pre-hispánica, también reminiscencias medievales y renacentistas. Culturas alejadas en el tiempo y en el espacio que Mascaró unifica en una sola imagen generando una forma “de significado híbrido, pero a la vez nuevo y diferente”.

Así, el guardián (o buda-guardián), se presenta como el custodio de lo esencial. La serie Exodus tiene que ver con la idea de viaje mítico. Los personajes mitológicos que ocupan las barcas nos hablan de rituales ancestrales y viajes míticos de chamanes, dioses o semi-dioses, posiblemente en conexión con el inframundo. El tema del éxodo, explica Mascaró, empezó con Departure, la serie de barcas vacías y de gran formato que pudo verse, entre otros sitios, en la Saatchi Gallery de Londres en 2016. Eso le llevó a otra serie de barcas de pequeño formato con personajes, en cerámica esmaltada, actualmente en exposición en la sede de Palermo del Instituto Cervantes (y

antes en su sede de Amán). Un paso más es las que se presentan en esta exposición. Esta idea de ir hacia algún lugar sigue abierta en un nuevo proyecto en proceso de personajes caminando.

La Pareja Tumbada y el Abrazo tratan del amor de pareja, desde dos ópticas: la primera, inspirada en la cultura etrusca, es una representación social, de estatus jerárquico, mientras que la segunda nos habla de lo personal, la fusión carnal y a la vez sentimental. Por su parte, las cabezas “atrapadas” (en Eleonora, Geisha o Estantería), remiten a esa figuración que, en palabras de Kosme de Barañano, enlaza con la tradición de la historia del arte español y occidental en la que, desde el arte medieval al barroco, la realidad se sintetiza e intelectualiza hasta alcanzar la representación de una idea, un símbolo.

En definitiva, las esculturas de Mascaró tienen un enorme poder evocador, son ricas en matices y lecturas, promueven la reflexión y estimulan la imaginación. La grandeza del arte está en su capacidad de comunicar con el receptor y por ello habita un presente continuo.

 

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