Sentarse en la ausencia es una invitación que ha persistido a lo largo del tiempo en el imaginario de dos artistas que hoy se encuentran por primera vez. Rosario Guerrero y Román de Castro, aunque lejanos generacionalmente, coinciden en un motivo compartido: la figura de la silla vacía.

La reconocida trayectoria de Rosario Guerrero se extiende a lo largo de ocho décadas y ha tenido una proyección internacional trabajando con distintos medios y temáticas que van desde pintura figurativa y esculturas lumínicas hasta composiciones abstractas. Por otro lado, Roman de Castro es un joven artista mexicano cuya carrera ha despegado de manera notable en un corto lapso de tiempo, convirtiéndose en un influyente referente para las generaciones más jóvenes y cuya exploración abarca distintos medios como la escritura, la pintura, la instalación y más recientemente la cerámica.

El punto de convergencia en la carrera de ambos, habiendo décadas de distancia, es el de la silla como objeto cotidiano. Esta figura ha cautivado la visión de los dos artistas por sus cualidades ambivalentes. La silla encarna la paradoja entre ausencia y presencia, entre lo humano y lo objetual, entre la existencia del cuerpo y la evidente falta de éste. La presencia de este objeto, en apariencia inofensivo, revela un sin fin de contradicciones y encarna un dejo emocional ineludible a cualquier persona.

Más allá de la silla, Rosario y Román recrean un universo de nostalgia y añoranza a partir de de la humanización de objetos habituales, dotándolos de una facultad sintiente, que evocan la existencia de personas tan familiares como anónimas, capturando el pulso de la memoria ya arrojando a los espectadores a habitar ese espacio intermedio entre la presencia y la ausencia.