Gracias por no darme todo lo que quería. Gracias por los guijarros en mi zapato. Gracias por ser constante. Gracias por guiarme. Gracias por escucharme cuando era un mar de lágrimas. Gracias por ser un espejo.

Gracias por enseñarme que no todo es blanco o negro. Gracias por darme la bienvenida en mis momentos más difíciles. Gracias por dejarme entrar en tu vida cuando mis planes universitarios y profesionales se derrumbaron, y por abrazarme con los brazos abiertos. Gracias por mostrarme paciencia cuando soy la más impaciente. Gracias por demostrarme que la disciplina vale cada esfuerzo.
Gracias por ayudarme a pagar cosas para mi hermano cuando más me necesitaba. Gracias por enseñarme que a veces ni siquiera es necesario preocuparse por cuántos artistas existen o si mis piezas tienen el precio que quisiera. Gracias por poner un techo sobre mi cabeza.
Gracias por alimentar a mi familia cuando no tenía nada. Gracias por presentarme a tantos amigos maravillosos, a quienes hoy llamo familia. Gracias por enseñarme a disfrutar el proceso. Gracias por mostrarme que el éxito no se mide en números o «me gusta». Gracias por sacarme de mi caparazón… era demasiado tímida.
Gracias por ser mi hogar.


